Superposición es un proyecto multidisciplinario que busca construir un diálogo entre la pintura, la animación y la proyección digital. La densidad del mural se construye a partir de la superposición intermitente de una capa digital sobre una base física, explorando la inmersión del espectador en un espacio fabricado. Se inicia interviniendo el lienzo con trazos espontáneos para dar estructura a la pieza. Una vez plasmados, comienza la aplicación de líneas que delimitan espacios blancos, grises y negros donde se emite la proyección. El proceso inicial se registra con fotografía y video, que posteriormente se edita y anima, dando lugar a las capas de proyección. Se transgreden los límites de la composición de la pieza a través de medios digitales que se adaptan a la superficie y la deforman, alterando la percepción y estimulando la re- interpretación del paradigma estético en cuestión. La forma en que se percibe una obra se desarrolla en dos niveles: las formas y su materialidad conforman el nivel descriptivo; el nivel simbólico es dado por las sensaciones e interpretaciones. Al usar la distorsión en el momento del encuentro, se plasma la historia, la técnica y el contexto de la realización de la pieza, dando mayor información a la experiencia subjetiva del espectador. Este tipo de acto en vivo penetra el tejido de la pintura, cuestiona sus limitaciones y permite un diálogo complejo entre el pasado y el presente.

Krystel Rascón (Ciudad de México, 1989) reflexiona en este performance sobre el movimiento en la pintura contemporánea. Superposición crea un diálogo entre la pintura, la animación y la proyección digital, creando un mestizaje de materiales. La densidad de la pieza se construye a partir de la superposición intermitente de una capa digital sobre un substrato físico, incitando la inmersión del espectador en un espacio fabricado.

En Superposición, como performance multidisciplinario, Rascón fragmenta y anima el espacio para entender el movimiento en la pintura como lo hacía Paul Cezanne, sacando esta representación gráfica del molde predeterminado por la mirada occidental. La pintura ya no es un objeto estático, sino una superficie móvil en tiempo real delimitada por la ruptura de la composición del lienzo, transformándolo en una escultura líquida con capas de información que determinan las acciones y el tránsito del cuerpo.En este ejercicio la pintura toma una nueva perspectiva dejando abierta la pregunta sobre el acto de pintar, en una pieza donde el medio pictórico se convierte en una capa digital que presenta máscaras cambiantes al espectador.

 

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